1. América primitiva:

El territorio que actualmente ocupa Bolivia, situado en el centro de la América del Sud, fue en los primeros tiempos, de que hay noticias, habitado por pueblos indígenas que, en esta parte del continente, alcanzaron un alto grado de civilización, si se compara con el desarrollo de otras naciones de América en la misma época.

2. Civilización aimara – Tiahuanaco- El imperio de los Incas:

El testimonio de esa civilización se encuentra en las ruinas de Tiahuanacu, descubiertas en las cercanías del pueblo moderno del mismo nombre, situado a poca distancia de las orillas del lago Titicaca, sobre la línea del ferrocarril que une la ciudad de La Paz con el puerto de Guaqui. Las ruinas de Tiahuanacu demuestran que la nación indígena que habitó la Altiplanicie actualmente boliviana, en tiempos muy remotos, había adquirido un grado superior de progreso en las artes y en la industria.

3. La leyenda Incaica:

El origen del Imperio Incaico se pierde entre la tradición de los pueblos americanos y la leyenda fantástica de los indígenas peruanos anteriores a la conquista. Según esas tradiciones y leyendas, el imperio fue fundado por dos seres pertenecientes a la raza quechua, que salieron de la Isla del Sol, situada en el lago Titicaca, y marcharon hacia el norte, sobre tierra firme, en busca de un lugar en donde se hundiera fácilmente una varita de oro que llevaban consigo.

4. Religión, costumbres, monumentos:

El alto grado de cultura alcanzado por los incas puede ser apreciado en los monumentos que todavía existen en el Cuzco y otros lugares del Perú, así como también en las ruinas incaicas de las islas del Sol y de la Luna (Coati) situadas en el lago Titicaca y pertenecientes al actual dominio territorial de Bolivia. Las instituciones públicas eran muy sabias y se hallaban basadas en el comunismo, lo que quiere decir que los individuos trabajaban y producían para la comunidad y no exclusivamente para sí mismos.

5. División y ruina del imperio:

El penúltimo inca, llamado Huayna Cápac, uno de los más ilustres emperadores, dividió el imperio, poco antes de su muerte, en dos partes. El norte con Quito por capital, para su hijo Atahualpa y el sur, con el Cuzco a la cabeza, para su hijo Huáscar. Muerto Huaina Cápac, la ambición se apoderó de los dos príncipes, especialmente de Huáscar, mal aconsejado por sus cortesanos, que aspiró a gobernar solo, todo el territorio del imperio. Después de una guerra civil encarnizada, Huáscar fue derrotado y hecho prisionero por su hermano, que se proclamó único inca. Terminaba esta lucha fratricida cuando sobrevino la llegada de los conquistadores españoles que encontraron el terreno preparado para caer sobre un pueblo debilitado y desunido.