La leyenda del Guajojó: el pájaro que convirtió su desgracia amorosa en canto de mal agüero

La leyenda del guajojó
La leyenda del guajojó

Cuando el sol huye de la selva y la noche se tiende sobre el Amazonas, comienza un concierto singular. No es el arrullo de aves dormilonas, sino el lamento desgarrado del guajojó, ese pájaro al que la naturaleza le negó la belleza pero le dio una voz que atraviesa la espesura como cuchillo en carne tierna.

El Guajojó Un romance con final de plumas

Todo empezó cuando la hija del cacique -la más codiciada de la tribu- puso sus ojos en un joven que, según su padre, «no era digno ni de enamorar con ella». El viejo, que además de jefe era brujo (combinación peligrosa), convocó a los hechiceros del pueblo. «Desháganse de ese desdichado», les dijo, y ellos, que de magia negra sabían un tanto, hicieron al enamorado desaparecer como humo en el viento.

La muchacha, al descubrir la traición, corrió por la selva gritando como alma que lleva el diablo. Pero los hechiceros, que no toleraban escándalos, la convirtieron en pájaro con un conjuro. «Si tanto te gusta gritar, gritarás para siempre», debieron pensar mientras sus manos lanzaban el hechizo.

Guajojó, el pájaro que nadie quiere escuchar

Hoy, el guajojó vaga en las noches con su canto que hiela la sangre. Los indígenas cruzan al otro lado del camino cuando lo escuchan, porque saben que su grito no es simple trino:

Si se posa en tu choza: Prepárate para la mala ventura. Las cosechas se pudrirán, los niños caerán enfermos y hasta el perro se irá con otra familia.

Si lo ves de cerca: Mejor no mires. Dicen que sus ojos guardan el dolor de mil amores perdidos.

Así vaga el guajojó, convertido en leyenda viviente. Su canto sigue sonando cada noche, recordándole a la selva que el amor, cuando se tuerce, puede dejar más cicatrices que un encuentro con un jaguar hambriento.